No busques trabajo. Risto Mejide

RistoNo busques trabajo. Así te lo digo. No gastes ni tu tiempo ni tu dinero, de verdad que no vale la pena. Tal como está el patio, con uno de cada dos jóvenes y casi uno de cada tres adultos en edad de dejar de trabajar, lo de buscar trabajo ya es una patraña, un cachondeo, una mentira y una estúpida forma de justificar la ineptitud de nuestros políticos, la bajada de pantalones eurocomunitaria y lo poco que les importas a los que realmente mandan, que por si aún no lo habías notado, son los que hablan en alemán.

No busques trabajo. Te lo digo en serio. Si tienes más de 30 años, has sido dado por perdido. Aunque te llames Diego Martínez Santos y seas el mejor físico de partículas de Europa. Da igual. Aquí eres un pringao demasiado caro de mantener. Dónde vas pidiendo nada. Si ahí afuera tengo a 20 mucho más jóvenes que no me pedirán más que una oportunidad, eufemismo de trabajar gratis. Anda, apártate que me tapas el sol.

Y si tienes menos de 30 años, tú sí puedes fardar de algo. Por fin la generación de tu país duplica al resto de la Unión Europea en algo, aunque ese algo sea la tasa de desempleo. Eh, pero no te preocupes, que como dijo el maestro, los récords están ahí para ser batidos. Tú sigue esperando que los políticos te echen un cable, pon a prueba tu paciencia mariana y vas a ver qué bien te va.

Por eso me atrevo a darte un consejo que no me has pedido: tengas la edad que tengas, no busques trabajo. Buscar no es ni de lejos el verbo adecuado. Porque lo único que te arriesgas es a no encontrar. Y a frustrarte. Y a desesperarte. Y a creerte que es por tu culpa. Y a volverte a hundir.

No utilices el verbo buscar.

Utiliza el verbo crear. Utiliza el verbo reinventar. Utiliza el verbo fabricar. Utiliza el verbo reciclar. Son más difíciles, sí, pero lo mismo ocurre con todo lo que se hace real. Que se complica.

Da igual que te vistas de autónomo, de empresario o de empleado. Por si aún no lo has notado, ha llegado el momento de las empresas de uno. Tú eres tu director general, tu presidente, tu director de marketing y tu recepcionista. La única empresa de la que no te podrán despedir jamás. Y tu departamento de I+D (eso que tienes sobre los hombros) hace tiempo que tiene sobre la mesa el encargo más difícil de todos los tiempos desde que el hombre es hombre: diseñar tu propia vida.

Suena jodido. Porque lo es. Pero corrígeme si la alternativa te está pagando las facturas.

Trabajo no es un buen sustantivo tampoco. Porque es mentira que no exista. Trabajo hay. Lo que pasa es que ahora se reparte entre menos gente, que en muchos casos se ve obligada a hacer más de lo que humanamente puede. Lo llaman productividad. Otra patraña, tan manipulable como todos los índices. Pero en fin.

Mejor búscate entre tus habilidades. Mejor busca qué sabes hacer. Qué se te da bien. Todos tenemos alguna habilidad que nos hace especiales. Alguna singularidad. Alguna rareza. Lo difícil no es tenerla, lo difícil es encontrarla, identificarla a tiempo. Y entre esas rarezas, pregúntate cuáles podrían estar recompensadas. Si no es aquí, fuera. Si no es en tu sector, en cualquier otro. Por cierto, qué es un sector hoy en día.

No busques trabajo. Mejor busca un mercado. O dicho de otra forma, una necesidad insatisfecha en un grupo de gente dispuesta a gastar, sea en la moneda que sea. Aprende a hablar en su idioma. Y no me refiero sólo a la lengua vehicular, que también.

No busques trabajo. Mejor busca a un ingenuo, o primer cliente. Reduce sus miedos, ofrécele una prueba gratis, sin compromiso, y prométele que le devolverás el dinero si no queda satisfecho. Y por el camino, gánate su confianza, convéncele de que te necesita aunque él todavía no se haya dado cuenta. No pares hasta obtener un sí. Vendrá acompañado de algún pero, tú tranquilo que los peros siempre caducan y acaban cayéndose por el camino.

Y a continuación, déjate la piel por que quede encantado de haberte conocido. No escatimes esfuerzos, convierte su felicidad en tu obsesión. Hazle creer que eres imprescindible. En realidad nada ni nadie lo es, pero todos pagamos cada día por productos y servicios que nos han convencido de lo contrario.

Por último, no busques trabajo. Busca una vida de la que no quieras retirarte jamás. Y un día día en el que nunca dejes de aprender. Intenta no venderte y estarás mucho más cerca de que alguien te compre de vez en cuando. Ah, y olvídate de la estabilidad, eso es cosa del siglo pasado. Intenta gastar menos de lo que tienes. Y sobre todo y ante todo, jamás te hipoteques, piensa que si alquilas no estarás tirando el dinero, sino comprando tu libertad.

Hasta aquí la mejor ayuda que se me ocurre, lo más útil que te puedo decir, te llames David Belzunce, Enzo Vizcaíno, Sislena Caparrosa o Julio Mejide. Ya, ya sé que tampoco te he solucionado nada. Aunque si esperabas soluciones y que encima esas soluciones viniesen de mí, tu problema es aún mayor de lo que me pensaba.

No busques trabajo. Sólo así, quizás, algún día, el trabajo te encuentre a ti.

Risto Mejide

Perls y Wilhelm Reich

– Mientras Freud y el psicoanálisis separaban cada vez más “estructura” de “energía” (interesándose en la primera), Reich siguió trabajando con los problemas de la economía energética a través de la cual se manifestaba y se mantenía la neurosis. Investigó cómo en las perturbaciones psíquicas se solidificaba esta energía y se le impedía fluir, desarrollando las nociones de potencia orgásmica y estructura del carácter.
El estudio de los ritmos corporales y de la coraza caracterial desembocó en la vegetoterapia, nombre dado a su enfoque y origen de a bioenergética (Lowen) y la core-energética (Pierrakos).
– Reich pone la salud anímica en la “potencia orgásmica” -entendida como la capacidad de entregarse, sin inhibiciones ni bloqueos, a la corriente de energía biológica- que se descarga preferentemente en contracciones musculares involuntarias.
– A las resistencias individuales las llama “coraza caracterial”. En esta coraza permanece ligada una parte de energía y sirve al mismo tiempo como defensa frente a excitaciones emocionales.
– Reich descubrió más tarde tensiones y endurecimientos musculares típicos, qe producían rigideces características en la postura y la expresión: las llamó “armadura muscular”.
– En la “coraza caracterial” se contiene la “biografía cristalizada” de un individuo, la “suma funcional de todas las viviencias pasadas”; la terapia consiste en disolver la coraza y hacer que vuelvan a circular las emociones que se habían solidificado, restaurando la capacidad de ser espontáneo, sin angustia ni inhibición: ésta es la potencia orgásmica -donde lo psíquico y lo corporal se condicionan vegetativamente y funcionan como un sistema unitario-.
– Esta superación de la dicotomía mente-cuerpo, rescatando la importancia del segundo, influyó en Perls, quien reconoce la enseñanza reichiana en su valoración del “cómo”, en vez del “qué” o del “porqué”.
– Funcionalmente la armadura corporal se articula en siete segmentos: ocular, oral, cervical, torácico, diafragmático, abdominal y pélvico. En el torácico se petrifican la ira, el llanto y la añoranza. En general, el trabajo energético es de arriba-abajo, hacia el segmento pélvico (lo que indica el claro componente sexual de la concepción reichiana de la resistencia).
– La gestalt es una de las herederas espirituales de las teorías de Reich por su acento en la sensación, la experiencia organísmica y la expresión inmediata y directa.

cuerpo

Peñarrubia, La vía del vacío fértil

La Verdad. Rosa Montero

Esta mañana he leído un bonito articulo para reflexionar acerca de como vivimos nuestro día a día en medio de todo el maremagnum de crisis en el que estamos inmersos a nivel mediático.

Rosa Montero pone el foco en las pequeñas cosas del día a día. El gozo de lo cotidiano, de lo simple….

Espero que os aporte otra mirada.

La verdad

Es maravillosamente cierto que algo he aprendido, aunque sea poco; que ya no aspiro a la grandeza

Otra de las consecuencias negativas de la crisis es la comedura de coco que produce. O sea, no solo nos empobreceRosa Montero económicamente sino también mentalmente, porque convierte la corrupción, la indignidad política y el dolor social en temas obsesivos, como si fueran la única realidad existente, los únicos asuntos de los que poder hablar. Pero no es cierto: la vida es mucho más. Una vez un autor novato le pidió a Hemingway que le aconsejara sobre qué temas debería escribir, y el americano contestó: “Escribe la cosa más verdadera que conozcas”. Hemingway me cae mal y creo que está muy sobrevalorado (salvo en sus cuentos), pero siempre he admirado la sencilla sabiduría de esta respuesta.

De modo que voy a intentar seguir el consejo. ¿Qué es lo más verdadero que conozco? No es fácil saberlo. Hay que detenerse y desnudarse para poder mirar. Es verdadera mi edad, la ya larga memoria de lo ganado y lo perdido, los errores cometidos, la ilusión quizá pueril de poder enmendarlos, de ser capaz de reinventarse una y otra vez. Son verdaderos los amigos con los que he crecido, hermanos de trayecto. Y el orgullo y la gratitud de saber que hay personas que me quieren y a las que quiero. Es maravillosamente cierto que algo he aprendido, aunque sea poco; que ya no aspiro a la grandeza; que mi ambición es el aquí y el ahora, la serenidad, la pequeña vida vivida con los otros. Todo esto, tan sencillo, es bastante difícil de lograr. Es verdad que el mayor placer es la belleza, un paisaje hermoso, una música, un libro; pero también, y sobre todo, es bella cierta gente, tipos que conoces, historias que te cuentan. Es verdadero mi convencimiento de ser una más entre muchos; de pertenecer a esta modesta cosa que es lo humano; y es cierto, en fin, que soy capaz de escribir esta ñoñería sin avergonzarme (o solo un poco) mientras miro llover en Buenos Aires y disfruto de la alegría de estar viva.

 

La Terapia Individual en Grupo según la Gestalt

CoroTanto en los años de formación de Fritz Perls como en los años de sus primeras prácticas de psicoanalista, la terapia de grupo apenas si existía como tal e incluso era considerada por algunos incompatible con el método psicoanalítico, basado en el análisis de la relación transferencial del paciente sobre el terapeuta. Será en la etapa americana de Perls (años 50-60 del siglo XX) cuando su nuevo estilo de intervención, llamado Terapia Gestalt, empiece a aplicarse sistemáticamente en grupo, coincidiendo con algunas teorías que atribuyen la terapia individual a la cultura europea tradicional (más jerarquizada) y la terapia de grupo a la cultura democrática estadounidense (más horizontal).

Los dos grandes enfoques grupales que se consolidan en la segunda mitad del siglo XX, el grupoanálisis de la escuela inglesa (Bion, Foulkes) y la dinámica de grupos norteamericana (Lewin), legitimarán la validez terapéutica del grupo, tanto a través de la práctica clínica como de la investigación de laboratorio. De ambos participa la Terapia Gestalt, sin incluirse en ninguno. En rigor la gestalt no es una terapia de grupo (tomado en su totalidad) sino una terapia en grupo, algo así como una terapia individual en un contexto colectivo, donde el terapeuta trabaja con un participante en el centro del grupo, bajo unas condiciones muy particulares de transparencia, compromiso y auto-revelación, que la hacen especialmente poderosa y eficaz, a la par que arriesgada y difícil. A este estilo tradicional gestáltico se le ha denominado “método del coro griego” (Ruth Cohn) porque se basa (además de las influencias del psicodrama de Moreno y de las terapias humanistas de Esalen) en el aprendizaje teatral que Perls recibió de Max Reinhardt en sus años de estudiante berlinés: el protagonista desarrolla su acción ante la presencia genuina del coro (grupo) que puntualiza, refleja, amplía, reacciona o simplemente observa con atención, haciendo a veces de espejo, a veces de polaridad, a veces de alter ego del protagonista, proporcionado siempre contraste y feedback. Algunos consideran pobre este concepto del grupo como comparsa, pero en realidad es una especie de cadena secuencial: el que trabaja en el centro afecta al que escucha, que pasará posteriormente a ocupar el centro, y así sucesivamente.

A partir de Perls los gestaltistas han desarrollado diversos abordajes grupales. Por ejemplo: -la síntesis o yuxtaposiciónGrupo de enfoques diferentes (movilizar con técnicas corporales e integrar con herramientas gestálticas, etc). -propuesta de experimentos (juegos, ejercicios…) grupales y posterior elaboración individual. -diagnóstico del momento o fase grupal según algún modelo teórico de referencia (E. Kepner, J. Zinker, I. Yalom, Bennis-Shepard…) para luego concienciar la situación a través de experiencias grupales o trabajos individuales. En realidad, antes o después, el grupo gestáltico acaba recurriendo a ese modelo tradicional perlsiano del coro griego, de forma que podemos afirmar que la mayor aportación y originalidad de la gestalt a la terapia grupal ha sido el trabajo individual en grupo, ese peculiar contagio de autenticidad que arrastra al centro a cada participante en su momento, plasmando de forma creativa aquel principio de la gestalt de que “el todo es más que la suma de las partes”.

Paco Peñarrubia

Un cierto silencio. Ángeles Caso, La Vanguardia

Angels Caso

Será porque tres de mis más queridos amigos se han enfrentado inesperadamente estas Navidades a enfermedades gravísimas. O porque, por suerte para mí, mi compañero es un hombre que no posee nada material pero tiene el corazón y la cabeza más sanos que he conocido y cada día aprendo de él algo valioso. O tal vez porque, a estas alturas de mi existencia, he vivido ya las suficientes horas buenas y horas malas como para empezar a colocar las cosas en su sitio. Será, quizá, porque algún bendito ángel de la sabiduría ha pasado por aquí cerca y ha dejado llegar una bocanada de su aliento hasta mí. El caso es que tengo la sensación –al menos la sensación– de que empiezo a entender un poco de qué va esto llamado vida.

Casi nada de lo que creemos que es importante me lo parece. Ni el éxito, ni el poder, ni el dinero, más allá de lo imprescindible para vivir con dignidad. Paso de las coronas de laureles y de los halagos sucios. Igual que paso del fango de la envidia, de la maledicencia y el juicio ajeno. Aparto a los quejumbrosos y malhumorados, a los egoístas y ambiciosos que aspiran a reposar en tumbas llenas de honores y cuentas bancarias, sobre las que nadie derramará una sola lágrima en la que quepa una partícula minúscula de pena verdadera. Detesto los coches de lujo que ensucian el mundo, los abrigos de pieles arrancadas de un cuerpo tibio y palpitante, las joyas fabricadas sobre las penalidades de hombres esclavos que padecen en las minas de esmeraldas y de oro a cambio de un pedazo de pan.

Rechazo el cinismo de una sociedad que sólo piensa en su propio bienestar y se desentiende del malestar de los otros, a base del cual construye su derroche. Y a los malditos indiferentes que nunca se meten en líos. Señalo con el dedo a los hipócritas que depositan una moneda en las huchas de las misiones pero no comparten la mesa con un inmigrante. A los que te aplauden cuando eres reina y te abandonan cuando te salen pústulas. A los que creen que sólo es importante tener y exhibir en lugar de sentir, pensar y ser.

Y ahora, ahora, en este momento de mi vida, no quiero casi nada. Tan sólo la ternura de mi amor y la gloriosa compañía de mis amigos. Unas cuantas carcajadas y unas palabras de cariño antes de irme a la cama. El recuerdo dulce de mis muertos. Un par de árboles al otro lado de los cristales y un pedazo de cielo al que se asomen la luz y la noche. El mejor verso del mundo y la más hermosa de las músicas. Por lo demás, podría comer patatas cocidas y dormir en el suelo mientras mi conciencia esté tranquila.

También quiero, eso sí, mantener la libertad y el espíritu crítico por los que pago con gusto todo el precio que haya que pagar. Quiero toda la serenidad para sobrellevar el dolor y toda la alegría para disfrutar de lo bueno. Un instante de belleza a diario. Echar desesperadamente de menos a los que tengan que irse porque tuve la suerte de haberlos tenido a mi lado. No estar jamás de vuelta de nada. Seguir llorando cada vez que algo lo merezca, pero no quejarme de ninguna tontería. No convertirme nunca, nunca, en una mujer amargada, pase lo que pase. Y que el día en que me toque esfumarme, un puñadito de personas piensen que valió la pena que yo anduviera un rato por aquí. Sólo quiero eso. Casi nada. O todo.

Hijos del Decrecimiento. Antonio Cerrillo

Hijos del decrecimiento

Nuevas pautas de la economía ecológica | El acceso a la vivienda se garantiza con un derecho de uso ilimitado | Un grupo de jóvenes rehabilita una colonia textil abandonada en la comarca del Anoia | El movimiento de la buena vida crece con nuevos asentamientos y proyectos basados en el rechazo al consumismo | Autoproducción, vida asociativa y venta de comida agroecológica, pivotes de la actividad

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Antes de que llegara la crisis, ya veíamos que esto era insostenible. Comenzamos a interesarnos por el movimiento del decrecimiento en Barcelona, y éramos seguidores del filósofo francés Serge Latouche. Pero al llegar la crisis ya vimos que no era necesario predicar nada, porque el decrecimiento venía solo. De hecho, ya está aquí”. Así se expresa Joan Marca, un jardinero en paro de Poblenou que hizo estudios de ingeniero agrónomo y que será uno de los residentes de la colonia textil de Calafou (Vallbona d’Anoia), ahora en proceso de rehabilitación. En esta vieja colonia industrial se está instalando un nuevo grupo de seguidores del movimiento de la buena vida: esa filosofía que practican jóvenes sobradamente preparados pero que han dado portazo a la banca tradicional, que huyen del consumismo devorador de recursos y lo fían todo a la idea de compartir (tiempo, espacio, ocio, economía, amistad).

Joan Marca daba clases de jardinería a personas con minusvalías psíquicas. Pero se cerró el grifo de las ayudas oficiales de las fundaciones que le daban empleo. Él siempre estuvo en los movimientos sociales. Se define como revolucionario, ecologista… y ahora practica el decrecimiento.

En Catalunya se registra un goteo continuo en la formación de nuevos grupos de jóvenes que exploran las posibilidades de la buena vida. Son las nueva generaciones que ya saben que el paraíso no era estar trabajando ocho horas al día y que la felicidad puede venir de la mano de una vida simple con un consumo más sano y ecológico y sin derroches.

La influencia de los partidarios del decrecimiento está siendo “muy importante” en los últimos años en Catalunya, según explica David Llistar, uno de los fundadores del Observatorio de la Deuda en la Globalización, y atento analista de este movimiento. La creación de Infoespai en Gràcia (foco de iniciativas destacadas como la creación de la Cooperativa Integral Catalana, o de apoyo a los mercados de intercambio…); o el hecho de que uno de los teóricos destacados de esta corriente de pensamiento, el francés François Schneider, se haya instalado en Barcelona son algunos factores que han influido. Además, Barcelona acoge a profesores e investigadores en este campo, algunos reconocidos internacionalmente (Joan Martínez Alié, Giorgos Kallis, Federico Demaria, Jordi Pigem, Claudio Cattaneo, Stefano Puddu).

“El decrecimiento ha encontrado un terreno fértil en Catalunya, con corrientes muy diversas que lo enriquecen”, dice Llistar, quien destaca la estrecha relación entre el mundo académico, “que ordena y difunde conocimiento en este campo”, y los grupos que se encargan de ponerlo en práctica (personas del ecologismo, la preocupación por las desigualdades Norte-Sur, anticapitalistas…). “Estos focos de decrecimiento son muy ricos y fértiles pues se nutren de corrientes de pensamiento en las que se mezclan personas interesadas en la comida sana, los productos ecológicos o alimentos sin rastro de muerte animal con los críticos con las multinacionales y el modelo agroindustrial”, dice Llistar. Partidarios de la soberanía energética, las energías renovables o la defensa del territorio, indigenistas o espiritualistas se suman a estos grupos, que tienen diversos grados de autoproducción, formas diversas de vida asociativa y ponen énfasis en la agroecología.

La doble motivación formada por el deseo de obtener alimentos sanos y justos éticamente ha sido lo que ha dado ya sus mejores frutos, pues el origen de las exitosas experiencias de los grupos de productores agroecológicos y los consumidores que practican la vida directa de productos sanos, frescos y de temporada.

“Nosotros estábamos en un grupo de consumo ecológico en Barcelona y el Vallès, hasta que decidimos dar el salto y producir nosotros mismos los alimentos”, dice Annaïs Sastre, de la asociación Xicòria, un grupo de cuatro miembros (dos hombres y dos mujeres que rondan los 30 años) que se dedica desde hace cuatro años a la huerta, las plantas medicinales, los árboles frutales (todo ecológico) y la educación ambiental en Montblanc (Conca de Barberà). El grupo de amigos (crítico con los alimentos transgénicos) siempre se quejaba de los efectos de la globalización y la comida basura (“compramos fruta a 30 céntimos de China y en Lleida se tira porque a los agricultores no les pagaban…”), hasta que decidieron crear un “estructura económica justa”. Ahora el balance es positivo. En el pueblo aún se extrañan de que hayan durado tanto. Ahora ya se han consolidado, aunque ha sido duro; nunca imaginaban el enorme esfuerzo inversor que supone (tractores, riegos..) para alguien ajeno al mundo agrario.

“La gente viene a la finca; nos pagan por adelantado por la cesta de productos frescos y de temporada y nos conoce, aunque también vendemos a grupos de Barcelona”, dice Annaïs Sastre, orgullosa de haber rescatado variedades como la mongeta del metro, de medio metro de largo. “Es importante conservar esta biodiversidad, pues estas semillas llevan grabadas la memoria histórica que las hace adaptarse a las dificultades”, dice Annaïs Sastre. Y es como si hablara de su propia adaptación a su nuevo ambiente rústico.

Entre los ejemplos de comunidades decrecentistas destaca la de Cal Cases, una cooperativa de vivienda en cesión en Santa Maria d’Oló (Bages), ocupada por 13 familias y 30 miembros. Esta comunidad surgió del ateneo Rosa de Foc de Gràcia, y es como una verdadera ecoaldea holandesa o danesa, dado su sistema de funcionamiento tan organizado. El grupo intenta desarrollar al máximo el autoabastecimiento alimentario y energético, fomenta un nuevo modelo de vida en comunidad basado en valores contrarios a la especulación inmobiliaria, el rechazo a la propiedad privada, la crianza compartida de los hijos. La elección del modo de vivienda se basa en los estatutos de la asociación Sostre Cívic, de manera que el acceso a la vivienda se garantiza como un derecho de uso ilimitado sin que esté prevista la compra-venta, lo que hace desaparecer todo interés especulativo. La vida compartida hace que los costes por persona en gastos de vivienda y alimentación bajen drásticamente, lo cual reduce la necesidad de depender de salarios altos o tareas asalariados pocos deseables.

Uno de los proyectos decrecentistas más ambiciosos es la rehabilitación de la antigua colonia textil de Calafou, en Vallbona d’Anoia (Anoia). El plan en marcha consiste en recuperar este lugar como un enclave residencial para llevar una vida colectiva y desarrollar nuevas actividades industriales (en el campo de la “soberanía tecnología”, los desarrollos informáticos libres o de fabricación de cerveza ecológica…) que pivotarán sobre una economía poco dineraria y más basada en las donaciones, el intercambio y la venta directa de productos a las redes de consumidores de los productos que se hagan, explica Dídac Costa, sociólogo y uno de sus promotores.

El proyecto ha sido promovido también por una cooperativa que ha desembolsado 400.000 euros (préstamos de la banca ética Fiare) para comprar toda la propiedad, que incluye, además de las casas de los obreros de la vieja colonia, otros espacios (naves, iglesias en estado muy precario). Sus cooperativistas adquieren un derecho de uso ilimitado y heredable. En total, hay 27 casitas (apartamentos de unos 55 metros), por lo que cada uno de los socios o familias han pagado 17.000 euros, a razón de 170 euros al mes). Personas de profesiones y dedicaciones diferentes componen la cooperativa, cuyos miembros (desde profesores de arquitectura, paletas, fontaneros o jardineros en paro) están ahora en plena fase de rehabilitación de la colonia. “La idea es que a largo plazo la gente venga a vivir aquí y trabaje aquí. Queremos crear una colonia decrecentista y autosuficiente”, añade Costa.

“Siempre he sido de los que pensaba que nuestra vida no puede cerrarse en el círculo vicioso casa-trabajo y trabajo-casa. El proyecto de Calafou resuelve los obstáculos que supone la propiedad privada y nos da margen para pensar en un proyecto a largo plazo”, dice Lluís Gómez i Bigordà, un programador de 37 años que también espera trasladarse a esta colonia.

“Calafou, Cal Cases o Xicòria son proyectos donde la gente pone en práctica la propuesta de Latouche de ‘descolonizar el imaginario’; es decir, no se trata de hacer una economía más sostenible o más justa, sino que tiene que ver con un cambio radical de pensar para salir de los estrechos márgenes de una vida que gira en torno a la economía y el economicismo”, dice Federico Demaria. “Son personas que se dedican a construir una realidad diferente con pocos recursos económicos y muchas ganas de vivir mejor”.